Pedro… ¿me quieres?

A PROPÓSITO DEL SECULARISMO EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN.

1.- Definitivamente, si Jesucristo viviría físicamente en estos días, no le preguntaría al periodista PEDRO SALINAS si lo quiere o no (Jn. 21, 15-17). Basta que lea su columna en un diario de circulación nacional para que el Mesías se entere de sus pensamientos. Ver: “Frases huecas” y “¿Qué hace un papa?“.

2.- En principio, en la vida de la Iglesia Católica, primigeniamente han existido personas que traicionaron y negaron al propio Jesucristo, pero tuvieron actitudes distintas más adelante. Judas, por ejemplo, se ahorcó luego de haber entregado al Salvador por treinta monedas (Mt. 27, 3-10); mientras que el apóstol Pedro, negó conocer al Divino Maestro y hasta renegó de Él, pero se arrepintió y clamó perdón, llorando amargamente (Lc. 22, 54-62).

En resumidas cuentas, algo que el periodista desconoce (o pretende desconocer) es el factor “pecado”, propio e inherente a la existencia del ser humano, porque pecadores existirán siempre en nuestra Iglesia, por ser un rasgo que caracteriza al ser humano; sin embargo, tan igual existirán santos, hombres de buena voluntad que persistan en el camino dejado por Jesús; ¿o alguien puede decir que hay hombres perfectos que no se equivocan? Por ello, los escándalos del difunto sacerdote Marcial Maciel, que son comentados ávidamente por Pedro Salinas, no son más que las consecuencias del pecado, horrendo y terrible, que puede darse en cada uno de nosotros. Y en efecto, uno o varios pecados, son heridas de la Iglesia Católica de las cuales se valen sus enemigos para poner el dedo, causando duda, escándalo y dolor. Por ello, el periodista Pedro Salinas está totalmente equivocado al querer vincular el pecado personal con la colectividad de creyentes.

3.- Se trata de otro tema, con estos textos y con estos periodistas, se nota la “intolerancia deliberada y abierta” con todo lo que represente Iglesia Católica, partiendo de la muy agasajada “libertad de expresión”, o más aún, de la abanderada y libertaria “sociedad pluralista”. O mejor aún, el “estado laico” donde se respetan los “derechos fundamentales”, donde hay suma “tolerancia” y no se pretende vulnerar a las “minorías”.

4.- Lo cierto es que el secularismo intolerante llegó hace rato a los medios de comunicación, enfrentando así a la sociedad, con los valores propios de muchos católicos que desean vivir plenamente su fe. Y no lo digo solo en referencia a los comentarios sobre hechos dolorosos en la Iglesia (como es el caso del padre Maciel), sino porque es notorio el afán destructor de muchos comunicadores frente al catolicismo. Me pongo a pensar solo en la frase del periodista en comentario: “A veces pienso que la iglesia católica no tiene solución. Ni remedio. Que no hay Papa que la salve, o sea.“; y me quedo convencido que muchos comunicadores siembran susto y pavura al mejor estilo de una sociedad con valores (jajajaja). Y faltarían páginas para enumerar todo lo malo y negativo que se dice de la Iglesia; pero más aún para enumerar todo el bien que se brinda a partir de cada uno de sus miembros, siendo esto último algo que casi nunca sale en las páginas de los diarios, menos aún en televisión. Terriblemente injusto, en la sociedad de la “justicia”. Y ni qué decir de la poca información que se vincula a nuestra fe, siendo ésta la era de la información.

5.- En todo caso, lo importante no es quejarse, sino formarse y convencerse de nuestra identidad cristiana. Más allá de los pecados y pecadores que lleguen a las primeras planas, los creyentes católicos cumplimos un rol importante en nuestra sociedad con nuestro testimonio de vida; pero también, formándome e informándome, conociendo más sobre lo que significa la identidad del cristiano, asumiendo mejor nuestro estado laical, renovando el corazón desde casa y en la parroquia, priorizando los sacramentos y la oración, desechando malas prácticas y hábitos que induce el mundo actual.

6.- Resulta curioso, como digo, que en una sociedad que busca la justicia, no se permita actuar con justicia frente a la Iglesia Católica. Resulta cuestionable cómo en una sociedad de la “tolerancia”, se es intolerante con las prácticas o creencias católicas. Sin embargo, sabíamos que venían estos tiempos, y sabemos que las puertas del infierno no prevalecerán. Por ello, buscamos los medios para dar a conocer nuestro mensaje, conocemos de nuestro pecado, pero nos levantamos cada día para superarlo. En ese sentido, la Iglesia Católica tiene más que darle al mundo, más allá de titulares en radio y televisión, un mensaje nuevo es lo que espera ser visto: principalmente con nuestro testimonio de vida.


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