Yo, misionero.

Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de Él. Acercándose, Jesús les dijo: "Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y recuerden que yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo". Dicho esto, uno de los discípulos le preguntó: “Maestro, y si en algún pueblo no encontramos agua, ¿cómo vamos a bautizar?”

YoMisionero

Qué fácil resulta para muchos de nosotros, jóvenes católicos, dar respuestas confusas a nuestro Señor. Seguramente que significa mucho para ti el envío que Jesús hace a sus discípulos. ¿Y no te has dado cuenta que tú también eres su discípulo y que en estos momentos te esta enviando?
Sin duda, sucede que la mayoría nos sentimos ajenos al envío; y las respuestas (muy filosóficas o lógicas por parte nuestra) son diversas: porque no tenemos dinero para viajar a pueblos escondidos detrás de los mapas; porque no sabemos dialectos selváticos; porque nos quedamos sin estudio o sin trabajo; o en situaciones cómicas muy frecuentes, porque sencillamente no somos religiosos o sacerdotes.
Es que la utilización de la palabra misión ha sido derivada a la acción que realizan los misioneros enviados por la iglesia. Pero en un sentido más profundo y evangélico, nosotros también debemos identificarnos plenamente con esta “evangelización”. Felizmente poco a poco estamos recuperando la noción de que todos somos misioneros.
Es obvio que la realidad de cada uno determina en muchos casos nuestro actuar; inevitablemente nos quedamos con los deseos de dar más de nosotros. Aún así, es singular la “vida” que podemos ofrecer a partir de nuestras limitaciones en el lugar y en el tiempo en que nos encontremos. A partir de ello, también creo que a veces nos quedamos fuera del campo de nuestra fe, pensamos que no estamos en la capacidad de brindar más y no hacemos nada por intentar anunciar el Evangelio más allá de nuestro hogar, de nuestro grupo o comunidad.
¡Anda! ¡Ve! El Señor conoce nuestras necesidades, nos da y nos brinda a cada momento lo que en realidad nos hace falta, nos dijo que estaría con nosotros hasta el fin del mundo. ¿Tu crees que si en medio de tus debilidades, necesidades y limitaciones, si haces la voluntad del Padre, no te seguirá dando lo que necesitas al ciento por ciento? Como reza la canción, busca primero el Reino de Dios y lo demás añadido será… Esa es nuestra misión.

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