Organizando el amor de Dios.

Es interesante  y muy bonito ver cómo existen grupos y comunidades en nuestras parroquias o en nuestros diversas comunidades eclesiales. Aquéllos que se mueven dentro de la Iglesia y que le dan vida con nuevas formas de evangelización, grupos que animan y que promueven una incesante alegría para muchos corazones; comunidades que hoy día dan testimonio del amor de Cristo y que promueven la evangelización. pero también, vemos con algo de desánimo otros que se desintegran con el tiempo, muchos que no viven bien su carisma o los que parecen que se apartan del mensaje central del que debe ser su apostolado y el mensaje evangélico.

Esto me lleva a pensar en nuestra organización a nivel de nuestros grupos, comunidades, parroquias, etc. Pienso que es fundamental cuidar este aspecto para que nuestros grupos y comunidades marchen adecuadamente. ¿Y saben? Esto no deviene de saber mucho o hacer demasiado, sino de un amor que va creciendo, un seguimiento coherente y sincero de Jesús a quien tú deseas entregarle tu vida; Aquél que te preocupas por conocer y a quien te encaprichas en mirar y celebrar. Estaremos en el camino del animador de grupos o del asesor del mismo, en el nivel del párroco o del miembro de una comunidad… pero siempre este amor se debe demostrar, tal vez con distintas formas y según el don que cada uno ha recibido (I Pe 4, 10-11).

Al tratar de organizar el amor de nuestro Dios, que son los dones que de Él hemos recibido, siempre ocurren tropiezos, incoherencias, faltas de coordinación, dejadez e insuficiente creatividad; pero el Amor siempre nos empuja, nos alienta y nos lanza nuevamente a la carrera (si tú así lo permites). El asesor en su constante acompañamiento y continua promoción del estilo y la vivencia salesiana. El animador, con tu protagonismo responsable y acompañamiento, deseoso de servir a sus demás amigos del grupo. Los encargados directos de la pastoral en la parroquia o los coordinadores generales, cuya labor es fomentar la unión y la identidad, la formación y el fortalecimiento del carisma… todo ello es parte del amor que sentimos por el Resucitado. Humildemente puedo asegurar que no existe nada en el mundo que no se  rinda ante los pies del amor: ni falta de conocimiento ni incoherencia de vida, ni la falta de tiempo ni de pan (Mt 6, 24-34).

Finalmente, el Amor sacará de nosotros más amor de nuestro amor hacia Él. Hemos visto esto, sabemos cuál es el mensaje. Luego no nos quejemos de que las cosas en los grupos van “más o menos”. Todos somos un don de Dios para los demás: demos frutos.

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